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Balance del año Summary of the Year
Luis Fernández-Galiano
Días de penitencia Days of Penitence
Rosas en invierno Roses in Winter
España y su fantasma Spain and its Specter
2010, una antología 2010, an Anthology
Escala mayor Larger Scale
Biblioteca y Archivo de Galicia, Santiago Library and Archive
of Galicia
Peter Eisenman
Centro cultural, Avilés (Asturias) Cultural Center
Oscar Niemeyer
Complejo Manzana del Revellín, Ceuta Manzana del Revellín
Complex
Álvaro Siza
Museo de la Evolución Humana, Burgos Museum of Human Evolution
Juan Navarro Baldeweg
Cultura popular Popular Culture
Auditorio municipal de Teulada (Alicante) Auditorium
Francisco Mangado
Teatro L'Atlàntida, Vic (Barcelona) L'Atlàntida Theater
Josep Llinàs
Museo de Monteagudo (Murcia) Museum
Amann, Cánovas & Maruri
Centro Cap Vermell, Capdepera (Mallorca) Cap Vermell Center
Barceló & Balanzó
Sedes y marcasBuildings and Brands
Bodegas Portia, Gumiel de Izán (Burgos)Portia Winery
Foster & Partners
Consejo regulador, Roa (Burgos)Regulatory Board
Barozzi & Veiga
Parque empresarial de Arte Sacro, Sevilla Religious Art Business
Park
Suárez & Santas
Colegio Oficial de Arquitectos, Salamanca Institute of Architects
Arroyo & Pemjean
Cohesión social Social Cohesion
Ayuntamiento de Lalín (Pontevedra) Town Hall Building
Mansilla & Tuñón
Aulario Universidad Pablo de Olavide, Sevilla Pablo de Olavide
University Lecture Hall
MGM (Morales, De Giles) & Hernández Valencia
Residencia y Centro de Día, Barcelona Residence and Day Care
Center
Alday & Jover
Centro de Salud, Badalona (Barcelona) Health Center
Jordi Badia (BAAS)
Programación infantil Children's Programs
Plaza Ecópolis, Rivas Vaciamadrid (Madrid) Plaza Ecópolis
Ecosistema Urbano
Escuela infantil, Alcorcón (Madrid)aElementary School
Rueda & Pizarro
Centro infantil, Albolote (Granada) Primary School
Alejandro Muñoz Miranda
Universidad Popular Infantil, Gandía (Valencia) Children's
Learning Center
Paredes & Pedrosa
Residencia básica Basic Residence
131 viviendas protegidas, Mieres (Asturias) 131 Social Dwellings
Zigzag Arquitectura
Viviendas sociales, Lérida Social Housing
Coll & Leclerc
22 viviendas sociales en El Rastro, Madrid 22 Social Dwellings
Alberola, Díaz-Mauriño & Martorell
Casa de colonias, Castellbell i el Vilar (Barcelona) Summer
Camps
OAB, Ferrater & Ayala
Un año en el mundo A Year in the World
Luis Fernández-Galiano
Doce meses en portadas de prensa Twelve Months in Press Covers
Crónica de cuatro estaciones Chronicle of Four Seasons
2010 en doce edificios 2010 in Twelve Buildings
Premios y pérdidas Distinctions and Disappearances
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Luis Fernández-Galiano
Días de penitencia
La Gran Recesión ha generado en Occidente una economía del miedo y
una cultura de la contrición. Impulsada o impuesta por la crisis, una nueva
austeridad impregna los presupuestos públicos y las preocupaciones privadas.
El arrepentimiento por los excesos y el propósito de enmienda gobiernan el
discurso político y la reflexión intelectual, abriendo el paso a un
tiempo de penitencia y pentimento. En Europa, la crisis de la deuda soberana
que provocó los rescates de Grecia e Irlanda forzó también
a un viraje en España, donde se impulsaron reformas económicas y recortes
sociales que vertieron aceite sobre el agua agitada de los mercados, pero no alteraron
las cifras del paro o el desprestigio creciente de las élites. Ante el desánimo
de la ciudadanía y el marasmo inmobiliario, los arquitectos intentaron aprovechar
la crisis para una cura de adelgazamiento material y una cura de depuración
espiritual, regresando a los principios básicos de una disciplina que siempre
se ha propuesto hacer más por menos, suministrando bienestar y belleza con
medios técnicos y económicos limitados.
Pero el clima penitencial y atribulado de una Europa cada vez con menor peso e influencia
internacional o de unos Estados Unidos que ven su liderazgo militar y político
amenazado por sus disfunciones institucionales y económicas no se dio en
el resto del mundo. China, que sustituyó a Japón como segunda potencia
del planeta, celebró su auge con la apertura en Shanghai de la mayor expo
de la historia, donde por cierto brillaron las púas del pabellón británico
(Thomas Heatherwick) y los mimbres del español (Benedetta Tagliabue). Brasil,
donde Dilma Rousseff reemplazó a Lula en la presidencia, avanzó en
la preparación del Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos
de 2016 en Río, mientras a través del centenario Óscar Niemeyer
exportaba arquitecturas emblemáticas a ciudades como Avilés, donde
se inauguró un centro que representa la voluntad de regeneración de
una región deprimida. Sudáfrica, cuya transición política
hizo de Nelson Mandela un icono global, mostró su vigor económico
organizando el primer Mundial que se realiza en ese continente, con la victoria
de una selección española que dio a su país una de las pocas
alegrías del año. Y el Golfo, impulsado por las rentas petroleras,
obtuvo para Qatar la sede de un Mundial en 2022 que implicará la construcción
de un apretado conjunto de grandes estadios que se suman a las obras culturales
y museos de autor proyectados en la zona por Norman Foster, Jean Nouvel, Rem Koolhaas,
Zaha Hadid, Herzog & de Meuron y un largo etcétera.
Frente al ascenso de Occidente —analizado en un libro clásico, The
Rise of the West— asistimos hoy a lo que se ha denominado 'the rise
of the rest', el ascenso de todos los demás, y esta mutación histórica
se expresa también en el diferente talante arquitectónico en las economías
maduras y las emergentes. Mientras Europa y Estados Unidos predican la austeridad
y admiran experiencias como las de Alejandro Aravena en Chile o las de Diébédo
Francis Kéré en Burkina Faso, realizadas en contextos de escasez,
una actitud de la que pueden dar testimonio el congreso internacional realizado
en Pamplona bajo el lema 'más por menos' —el mismo que puso en circulación
Buckminster Fuller, objeto de una muestra monográfica en Madrid— o
la exposición organizada por el MoMA neoyorquino con el título 'Pequeña
escala, grandes cambios', Asia y el Golfo continúan siendo escenarios de
un proceso de creación urbana y promoción arquitectónica sin
límites en la escala y sin precedentes en el tiempo. Algo parecido cabría
señalar en el terreno de la sostenibilidad, promovida a ambos lados del Atlántico
con iniciativas pedagógicas y publicitarias como el Solar Decathlon —iniciado
en Washington y celebrado a partir de 2010 en años alternos en Madrid, bajo
los auspicios del Departamento de Energía de Estados Unidos y el gobierno
español—, y entendida en Asia como un nuevo sector económico
de fabricación de paneles y colectores solares en el que China aspira al
liderazgo, o bien minusvalorada en un Golfo que puede simultáneamente acoger
experimentos de urbanismo ecológico como la ciudad Masdar de Foster en Abu
Dhabi y encargar al mismo arquitecto un estadio con aire acondicionado para jugar
la final del Mundial de Qatar.
Este pequeño y extraordinariamente rico país del Golfo, que por cierto
batió récord de patrocinios deportivos con su adquisición millonaria
de los derechos sobre la camiseta del Barça, fue también testigo del
mayor éxito internacional de la arquitectura española en el año,
la concesión del prestigioso premio Aga Khan al Museo Madinat al-Zahra de
Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano, que recibieron el galardón en una ceremonia
celebrada en Doha. El Pritzker recayó en los japoneses Kazuyo Sejima y Ryue
Nishizawa, a los que se entregó el premio en la neoyorquina Ellis Island,
mientras en Europa inauguraban el oníricamente alabeado Centro Rolex en Lausana,
y Sejima abría como comisaria una delicada y artística Bienal de Arquitectura
de Venecia que premió a Koolhaas con el León de Oro y en la que jóvenes
españoles como Antón García-Abril, Andrés Jaque, Selgas
Cano o Cero9 tuvieron una presencia destacada. Este capítulo de premios debe
también mencionar a Toyo Ito por el Imperiale, a Ieoh Ming Pei por el Oro
del RIBA, a Peter Eisenman y David Chipperfield por el Wolf, a Kéré
por el Swiss Award, a Manuel Gallego por el Oro español y a Lluís
Clotet por el Nacional de Arquitectura, sin olvidar a Rafael Manzano, primer español
en recibir el conservador Driehaus, el mismo año en que el Papa inauguró
en Barcelona la basílica de la Sagrada Familia, una obra del ya beato Gaudí
cuya finalización despierta una polémica que dura ya décadas.
En el ámbito internacional se completaron obras tan notorias como la magistral
VitraHaus de Herzog & de Meuron en Weil am Rhein o el insólito garaje
de los mismos arquitectos en Miami, una obra de europeos en EE UU lo mismo que el
museo de Renzo Piano en Los Ángeles, los laboratorios de Rafael Moneo para
la Universidad de Columbia, y los edificios de Foster o Nouvel en la misma Nueva
York, donde también inauguraron obras los norteamericanos Frank Gehry, Thom
Mayne, Steven Holl o Diller Scofidio, que firmaron con Renfro y James Corner el
primer tramo de la encomiable High Line, una intervención paisajística
en el corazón de la metrópoli. Con acogida crítica dividida,
el japonés Shigeru Ban terminó el Pompidou de Metz, y la anglo-iraquí
Zaha Hadid, la ópera de Guangzhou; más unánime fue la recepción
del conjunto de realizaciones que están transformando el entorno social de
ciudades colombianas como Medellín y Bogotá, cuyos exalcaldes, por
cierto, compitieron en tándem —sin éxito— por la presidencia
del país, en un año marcado festivamente en América Latina
por la celebración del bicentenario de la independencia en varios países
y ominosamente por el trágico terremoto de Haití, que dejó
tras de sí centenares de miles de víctimas y una devastación
inimaginable, muy superior a la sufrida en Chile tras otro sismo, de intensidad
superior en la escala de Richter, seguido por un tsunami. Más cerca de nosotros,
se inauguraron parcialmente grandes obras como la Ciudad de la Cultura de Eisenman
en Santiago, la ampliación por Moneo de la Estación de Atocha —de
la que parte la alta velocidad que ya comunica Madrid con Valencia— o el Museo
de la Evolución Humana de Navarro Baldeweg en Burgos, y se completaron edificios
como las bodegas Faustino de Foster en Ribera del Duero, el hotel-restaurante Atrio
de Mansilla y Tuñón en Cáceres, el teatro de Enrique Krahe
en Zafra, las viviendas de Coll y Leclerc en Pardinyes, el museo de Sancho Madridejos
en Alicante, el puente peatonal de RCR en Ripoll o la renovación de la barcelonesa
Fundación Tàpies por Ábalos y Sentkiewicz.
El año, por último, obligó a lamentar las desapariciones de
arquitectos tan significativos como Raimund Abraham, Bruce Graham y Günter
Behnisch, del teórico William Mitchell, el coleccionista y patrón
Ernst Beyeler o el matemático Benoît Mandelbrot, cuyos fractales fueron
tan influyentes en el campo del diseño; y en España, las de los veteranos
José Antonio Corrales, Joaquín Vaquero Turcios y José Luis
Picardo, y las tristemente prematuras de Bet Figueras, Carlos Asensio y Sigfrido
Martín Begué. Al hacer balance, es posible que lo más significativo
del ejercicio no haya estado tanto en el terreno material de los movimientos demográficos,
los flujos productivos o la construcción urbana, sino en la arquitectura
inmaterial de las redes sociales. A la hora de elegir la persona del año,
la revista Time dudó entre Julian Assange o Mark Zuckerberg; los lectores
eligieron al impulsor de Wikileaks, que con sus filtraciones de documentos diplomáticos
ha creado terremotos geopolíticos, pero los redactores se decidieron al fin
por el creador de Facebook, ejemplo paradigmático de unas redes sociales
que están transformando nuestro mundo comunicativo y simbólico, pero
también a la larga modificando irreversiblemente nuestro entorno físico.
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