Número 129 XI-XII 2009 
18 €

Contenido

Shanghái 2010 La mayor Expo de la historia, con una superficie veinte veces la de Zaragoza en 2008, abre sus puertas bajo el lema ‘Mejor ciudad, mejor vida’, y se celebra en una metrópolis excepcional que se ha convertido en un modelo de planificación dirigida, con muy amplia participación del sector privado. Tras el alarde de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, la Expo de Shanghái muestra al mundo la potencia de China, mientras la población local se acerca curiosa a las exóticas atmósferas de los distintos países. El pabellón español, como en otras ocasiones, ahonda en el folclore y la tradición ancestral.

Sumario

Luis Fernández-Galiano
España y su fantasma
La identidad en las Expos
Enrique Domínguez Uceta
El nido del dragón
Shanghái, la ciudad y el evento
Mapa guía
Plano del recinto de la Expo
Identificación de pabellones

Cementos europeos. De los 189 países asistentes a la Expo Shanghái 2010 —muchos agrupados en pabellones conjuntos— doce destacan por su arquitectura: el atigrado cesto de mimbre de España; la elegante celosía de piedra que envuelve un jardín vertical de Francia; los dos cilindros cubiertos por una pradera alpina de Suiza; el velludo banco de semillas del Reino Unido; el sinuoso barrio optimista de los Países Bajos; la estructura en equilibrio inestable de Alemania; el rotundo bucle para bicicletas que alberga la Sirenita de Dinamarca; los volúmenes plegados en los que se troquela un patrón de la tradición artesanal de Polonia; el cuenco gigante revestido de escamas de Finlandia; las dunas de chapa metálica dorada de los Emiratos Árabes Unidos; la caja musical de Singapur; y el colorista paisaje tipográfico de Corea del Sur.

EMBT, España
Jaques Ferrier, Francia
Buchner y Bründler, Suiza
Thomas Heatherwick, Reino Unido
John Körmeling, Países Bajos
Schmidhuber/Kaindl, Alemania
BIG, Dinamarca
WWAA, Polonia
JKMM, Finlandia
Norman Foster, Emiratos Árabes
Kay Ngee Tan, Singapur
Mass Studies, Corea del Sur

Argumentos y reseñas  

Instalación o escultura. Una antológica del escultor londinense de origen indio Anish Kapoor recorre en el Guggenheim su trayectoria; y el californiano Doug Aitken muestra en la Isla Tiberina una videoinstalación arquitectónica.

Arte / Cultura 

Javier San Martín
Anish Kapoor en Bilbao
Javier Montes
Doug Aitken en Roma

Revisiones castizas. Dos de los jóvenes arquitectos madrileños más polémicos comentan mutuamente sus últimas obras: Ocaña la rehabilitación artesanal de Chinchilla, y Chinchilla el residencial temático de Ocaña.
Manuel Ocaña
Fantasía neorrural
Izaskun Chinchilla
Controversia escenográfica
10x10, tercera entrega. A intervalos de cinco años Phaidon lanza su selección de cien arquitectos elegidos por diez críticos; además, paisaje y pintoresquismo, crítica del arte o sus espacios, y patrimonio cultural ibérico.
Historietas de Focho
Bajo el volcán
Autores varios
Libros
Últimos proyectos

Estrenos en Manhattan. Un edificio de apartamentos de lujo en Chelsea aprovecha su orientación para brillar asomado al Hudson; una antigua línea ferroviaria se reinventa como paseo elevado en el Meatpacking District; y frente al centenario Foundation Building de la prestigiosa Cooper Union se levanta un nuevo edificio académico con un atrio dinámico que sale a la fachada.

Técnica / Diseño 

Jean Nouvel
Apartamentos en Chelsea
Corner/Diller Scofidio+Renfro
Paseo urbano High Line
Morphosis
Edificio para la Cooper Union

Para terminar, Alejandro Aravena reflexiona sobre los efectos sobre la edificación y el urbanismo del fuerte terremoto que sacudió Chile el pasado mes de febrero de 2010; si bien el temblor alcanzó una magnitud de 8,8 en la escala de Richter, el número de víctimas fue relativamente reducido debido a la pragmática normativa antisísmica del país, que opera con óptimos relativos.
Productos
Feria de Milán
Resumen en inglés
Shanghai 2010
Alejandro Aravena
Temblor austral
 

 

Luis Fernández-Galiano
Carnaval en Cuaresma

AViva-129-lfg.jpg (10184 bytes)

La Expo de Shanghái propone prolongar el carnaval al tiempo de Cuaresma. Cuando buena parte del mundo sufre aún los efectos de la crisis financiera, y todo él se enfrenta al impacto del cambio climático y a las mutaciones del modelo económico, energético y territorial que las circunstancias imponen, China vuelve a asombrar al planeta con la Feria más grande jamás celebrada, un evento XL que exhibe la extraordinaria musculatura del País del Centro. Dos años después de los Juegos de Pekín, esta olimpiada económica refuerza el protagonismo financiero y logístico de Shanghái con una inversión en infraestructuras —una nueva terminal aérea, un cinturón de autopistas, 250 kilómetros de metro y un remodelado frente fluvial— que supera los 30.000 millones de euros, amén de 3.000 millones (más del doble que los Juegos) en la Expo misma, que ocupa una superficie veinte veces mayor que la de Zaragoza y espera recibir entre 10 y 15 veces más visitantes que la celebrada en el año 2008 en la capital aragonesa.


Esta exposición colosal, que bate el récord histórico de participación con 189 países, agrupa a un turbión de pabellones efímeros —de las caligráficas, serpenteantes y flamencas escamas de mimbre que representan a España, hasta el bucle ciclista de Dinamarca, las dunas doradas de los Emiratos, la tipografía pixelada de Corea o la sugerente y lírica catedral de semillas británica— a la sombra de la titánica construcción permanente del anfitrión: una pirámide invertida de rojo desafiante que apila piezas prismáticas para recordar con su megaestructura la delicada construcción lígnea tradicional. La tradición, sin embargo, queda lejos en esta ciudad erizada de rascacielos, que crece con un ritmo incontenible, y cuyo dinamismo violento borra las huellas del pasado igual que ha desplazado a 55.000 personas para liberar el solar de la Expo a orillas del Huangpu, evidenciando que el amable lema del evento (‘mejor ciudad, mejor vida’) no es incompatible con el expeditivo autoritarismo de sus gestores políticos.


Pero esta megacita planetaria, que desafía con su dimensión la creciente irrelevancia de las exposiciones universales —reemplazadas en su faceta comercial por el hiperconectado mercado global, y en la recreativa por la industria contemporánea del espectáculo—, es hoy sobre todo un vehículo del orgullo patriótico, y con ella China proclama su nuevo lugar en el mundo: la concurrencia unánime de naciones supone a la vez un reconocimiento del auge chino y el deseo de promover sus respectivas ‘marca-país’ en ese gran mercado. Dentro de China, la Expo manifiesta también el vigor de las élites de Shanghái —defensoras de una economía sin trabas y una política exterior sin complejos— frente al cauto populismo que en Pekín representan el presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao: al cabo, la gobernanza global —de la estabilidad monetaria y financiera a los acuerdos sobre el clima— va quizá a depender de los equilibrios internos en China entre la pirotecnia del carnaval y la vigilia de la Cuaresma.