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Número 99
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Contenido Aragón ahora.
La designación de Zaragoza como sede de la Expo 2008, con un programa
que gira en torno al agua y al desarrollo sostenible, ha situado a la
región aragonesa en primera línea de actualidad. Un recorrido cronológico
desde principios del siglo pasado hasta la actualidad muestra la evolución
de su arquitectura, dividiéndola en dos tramos: los primeros 75 años,
caracterizados por el eclecticismo y la falta de identidad, con algunas
excepciones notables, han dado paso en las tres últimas décadas a un conjunto
de obras sobrias por parte de arquitectos poco dados a veleidades mediáticas.
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Sumario José Laborda Yneva |
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| Tema de portada
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Arquitectura
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| Argumentos y reseñas
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Arte / Cultura
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| Adiós a la fotografía. A modo de homenaje póstumo, sendos artículos recuerdan a Ezra Stoller, el fotógrafo de arquitectura por excelencia, y a tres grandes maestros del género: Cartier-Bresson, Richard Avedon y Helmut Newton. | Duccio Malagamba Imágenes construidas Elena Vozmediano Ojos del siglo XX |
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| Obras maestras. Rafael Moneo publica sus lecciones de Harvard; Peter Eisenman, 25 años de textos teóricos; Rem Koolhaas, la versión española de Delirious New York; y Venturi/Scott Brown, su definitiva biografía intelectual. | Historietas de Focho Ben van Berkel Autores varios Libros |
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| Últimos proyectos
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Técnica / Diseño
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| Para terminar, Luis Fernández-Galiano expresa su malestar ante el interés mediático suscitado por el nuevo hotel madrileño Puerta América, en el que han intervenido 18 equipos internacionales —entre los cuales Foster, Nouvel, Hadid, Chipperfield, Pawson, Mariscal o Victorio y Lucchino—, y que marca un hito en la utilización de las estrellas de la arquitectura como reclamos comerciales. | Productos Mobiliario, perfiles, informática Resumen en inglés Aragón ahora Luis Fernández-Galiano ¿Por qué me siento mal? |
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Luis Fernández-Galiano |
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El lema acuñado por los turolenses
vale para la región en su conjunto. Con la resignación propia
de los países sin mar, Aragón se ha acostumbrado a la ignorancia
exterior, y rara vez reclama la atención que merece. Sin embargo,
ni la densidad estratificada de su historia ni su estratégica localización
peninsular autorizan el desdén. Entre el Pirineo de Huesca y las
serranías de Teruel, esta gran artesa regada por el Ebro ofrece
algo más que ermitas románicas y torres mudéjares,
palacios góticos e iglesias barrocas: suministra una ciudad populosa
y un territorio despoblado a medio camino entre Madrid y Barcelona, Bilbao
y Valencia. Con 20 millones de personas en un radio de 300 kilómetros,
Zaragoza es el núcleo de condensación demográfica
de esos dos grandes ejes, el que une las dos metrópolis españolas
y el que enlaza el Cantábrico con el Mediterráneo siguiendo
el valle del gran río ibérico; pero tan importante como
esa capital pujante son los vacíos deshabitados que la creciente
colonización del paisaje en una Europa densamente suburbanizada
obliga a considerar como un valioso recurso. Zaragoza, con la llegada largamente esperada del AVE y su elección
como sede de la Exposición Internacional de 2008, es la protagonista
forzosa de la actual hora de Aragón: tanto la alta velocidad ferroviaria
que ya la conecta con Madrid —y pronto con Barcelona— como
las ingentes inversiones en infraestructuras que exigirá esa gran
muestra —con el agua como elemento central—, impulsarán
decisivamente el crecimiento de una ciudad cuya prosperidad no ha ido
siempre acompañada de una pareja exigencia cultural, y que ha suscitado
en muchos de sus habitantes el sentimiento contradictorio reflejado por
José Antonio Labordeta en sus Zarajota blues: «La
amo, la odio, le tengo un cariño ancestral». La quinta ciudad
de España, que en 1908 celebró el primer centenario del
asedio napoleónico con una Exposición Hispano-Francesa,
conmemorará el segundo abriéndose al río para promover
el desarrollo sostenible bajo el logo ZH2O, y la
ocasión debe servir para reconciliar la borraja y las migas con
el talento peregrino que el cierzo y la falta de horizontes arrastró
hacia otras tierras. No cabe derramar lágrimas hipócritas por el Marcial de Roma, el Goya de Madrid o el Buñuel de México: el genio difícilmente se constriñe en el solar materno. Pero nuestro primer número dedicado a una región sin escuela de arquitectura permite recordar esa carencia, y subrayar hasta qué punto la ausencia de ese lugar de encuentro empobrece la arquitectura aragonesa, a la que se priva de un estímulo intelectual que no puede encomendarse sólo a los colegios o a las revistas. La mejor obra moderna de Aragón la construyó un ingeniero, y eso es algo que el ensimismamiento corporativo admite con dificultad: más allá del Rincón de Goya canonizado por Mercadal y la rutina historiográfica, la Casa del Barco que Juan José Gómez-Cordobés levantó en 1934 en el ensanche turolense —con sus barandillas atornilladas al hormigón náutico que eleva su castillo de popa sobre la panza de paquebote del muro de contención— extrae mejores lecciones estructurales y paisajísticas de las torres mudéjares que el localismo vernáculo o el cosmopolitismo formalista. Ese Aragón también existe. |
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