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Número 60
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Contenido La casa particular. Uno de los retos que asumió la arquitectura moderna fue el de elaborar nuevos tipos de alojamiento para una nueva sociedad industrial y urbana, y muchos de los experimentos que perseguían este ideal tuvieron la casa como protagonista. La vanguardia europea que emigró a Norteamérica durante los años treinta encontraría al otro lado del Atlántico las condiciones idóneas para prolongar esa búsqueda y ampliarla; allí cristalizó, durante la década de los cincuenta, un modelo residencial que todavía sirve de inevitable referencia para las propuestas domésticas contemporáneas. |
Sumario Anatxu Zabalbeascoa | |||
| Edificios:
proyectos y realizaciones Modernidad y región. La situación entre medianeras permite recrear los temas tradicionales del zaguán y el patio en Blascosancho, Ávila, y Santa Cruz de Tenerife; el entorno rural sugiere el uso de formas y materiales vernáculos en Gardélegui, Vitoria, y Castellar de NHug, Barcelona; y el arquetipo de la casa mediterránea está presente en Lliria, Valencia, y Santa Eulalia, Ibiza. |
Arquitectura Espino y Areán Pérez, Martínez y Corona Ercilla y Campo Eduard Bru Carlos Salvadores Martínez Lapeña y Torres | ||||
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Camino de abstracción. El rigor geométrico modula los ámbitos domésticos en Fuente del Fresno, Madrid, y Punta Umbría, Huelva; del juego dialéctico entre lleno-vacío y dentro-fuera surgen las casas de Púbol, Gerona, y Pinar de Alba, Salamanca; y la búsqueda moderna de la ligereza industrial se prolonga en Zahara de Los Atunes, Cádiz, y Los Yesos, Granada. |
García de Paredes y Pedrosa Carrascal y Puente Jubert y Santacana Acebo y Alonso Alfredo Payá Javier Terrados | ||||
| Libros,
exposiciones, personajes Diez años de revista. Arquitectura Viva ha cumplido su primera década, y este aniversario suscita una reflexión sobre la edición de arquitectura, y otra sobre el papel de la revista en el ámbito de las publicaciones especializadas. |
Arte /
Cultura Luis Fernández-Galiano Albertianos y palladianos Roberto Segre Lecturas paralelas | ||||
| Referencias artísticas. Dan Graham ha traído a Santiago y Barcelona sus construcciones caleidoscópicas; y Francesc Torres reúne religión, sexo y política en La furia de los santos, expuesta en Granada y Boston. | Anatxu Zabalbeascoa Dan Graham: puntos de vista Luis Fernández-Galiano La pasión de Francesc Torres |
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| Clásicos y canónicos. La recuperación de textos clásicos de la crítica se suma a la edición de una historia del arte con vocación canónica, y a una pléyade de análisis sobre la vivienda publicados por instituciones. | Historietas de Focho José Antonio Coderch Autores varios Libros |
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| Interiorismo, diseño, construcción
Oficinas europeas. Reunir en un mismo edificio las actividades productivas y administrativas de una empresa austriaca y otra alemana sin renunciar a sus imágenes corporativas era el objetivo común de las sedes construidas por Baumschlager y Eberle en Dornbirn, y por Dierks y Blume en Darmstadt. Por su parte, los proyectos de Benthem y Crouwel en La Haya, y de Holl, Ingenhoven y Chipperfield en Düsseldorf responden a la voluntad de regenerar sus entornos: las proximidades de una autovía urbana y un área portuaria. |
Técnica / Estilo Baumschlager y Eberle Sede de ElectroGraf, Dornbirn Dierks y Blume Sede de Schenck, Darmstadt Benthem y Crouwel Torre de oficinas, La Haya Holl, Ingenhoven, Chipperfield Oficinas y estudios, Düsseldorf |
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| Para terminar, se plantea el viejo dilema entre la producción artesanal y la industrial a propósito de la chapa metálica; y Juan Antonio Ramírez advierte de la desaparición progresiva de las grandes salas cinematográficas. | Ignacio Paricio Envolventes de chapa Juan Antonio Ramírez Especie en extinción | ||||
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Luis
Fernández-Galiano | |||||
La casa particular es general. Lo resume con ironía leve la canción infantil: «el patio de mi casa es particular; cuando llueve se moja como los demás.» Sometido a los rigores de lo universal, el reducto singular de la casa se pliega al clima lo mismo que a la técnica, los hábitos o las modas: en ese espacio privado reverbera lo público. Se piensa que la casa, albergue de sueños individuales y fantasmas familiares, pertenece al ámbito de la psicología; pero su condición estadística la localiza también en el dominio coral de lo sociológico. No hay expresión mejor de su dimensión colectiva que el adusto apelativo vivienda unifamiliar, un abrupto zoom semántico de lo genérico a lo específico que es casi un retrato de la sociedad actual. Y no, la casa particular tampoco es especial. Fingimos creer que es un laboratorio de arquitectura, pero los experimentos con frecuencia se reducen al campo de la plástica: pocas veces se exploran innovaciones materiales o formas diferentes de habitar. Al final, la inercia acorazada de la costumbre se impone al burbujeo propositivo de la imaginación; si el habitar es hábito, la rutina teje la urdimbre previsible y plácida de la casa común: común porque a todos acoge y común porque su trama es corriente a fuer de conocida. En la casa particular no hay mucha incertidumbre; la emoción se fatiga en los detalles, y el relato camina hacia el esperable desenlace: quizá porque, al cabo y a la postre, esta casa no tiene nada de particular. En otros momentos, la casa moderna ha sido una aspiración popular y el símbolo de una vida confortable, desembarazada de ritos y liturgias añejas. Hoy es una fracción de la demanda inmobiliaria, más una seña de identidad que de estatus, y apenas una marca estilística en un universo abigarrado de signos. Los arquitectos más jóvenes persiguen el espíritu de los tiempos en las construcciones virtuales del mundo digital o en el paisaje artificial del territorio hipermoderno, pero su búsqueda sólo delimita un ámbito estético que se suma al centón de propuestas del fracturado panorama de la creación contemporánea. Aunque no inventan el futuro, se crean en él un nicho ecológico; son, a fin de cuentas, un caso particular. Es posible que la casa particular no sea extraordinaria; y es seguro que posee carácter universal. Ninguna experiencia lo manifiesta con tan generosa elocuencia como las llamadas casas de rifa de Montevideo, proyectadas por estudiantes de arquitectura uruguayos y sorteadas en una lotería que financia su viaje de un año alrededor del mundo. Por un lado, las casas reflejan el momento puntual del debate crítico; por otro, facilitan un nomadeo planetario en busca de las fuentes cosmopolitas de lo general. Mientras permanecen detenidas en el instante de su génesis, estimulando en torno suyo el movimiento aleatorio, estas casas particulares y universales suministran la mejor imagen del azar de la época y la necesidad del mundo. | |||||